lunes, 24 de octubre de 2011

Si lo comes, morirás





Qué es más grande que Dios,
más maléfico que el Diablo,
los pobres lo tienen,
los ricos lo necesitan,
y si lo comes morirás.


domingo, 23 de octubre de 2011

¿Que será?

¿Qué cosa no ha sido y tiene que ser, y que cuando sea dejará de ser?

jueves, 20 de octubre de 2011

Sentarse a la mesa



Diez jóvenes decidieron celebrar la terminación de sus estudios comiendo en un restaurante. Una vez reunidos, se entabló entre ellos una discusión sobre el orden en que habían de sentarse a la mesa. Unos propusieron que la colocación fuera por orden alfabético; otros, con arreglo a la edad; otros, por los resultados de los exámenes; otros, por la estatura, etc. La discusión se prolongaba. La sopa estaba ya servida y nadie se sentaba a la mesa. Los reconcilió el hostelero, diciéndoles:

-Señores, dejen de discutir. Siéntense a la mesa en cualquier orden y escúchenme.

Se sentaron todos sin seguir un orden determinado. El hostelero continuó:
-Que uno cualquiera anote el orden en que están sentados ahora. Mañana vienen a comer y se sientan en otro orden. Pasado mañana vienen de nuevo a comer y se sientan en otro orden distinto, y así sucesivamente hasta que hayan probado todas las combinaciones posibles. Cuando llegue el día en que tengan ustedes que sentarse de nuevo en la misma forma que ahora, les prometo solemnemente que a partir de ahí, les invitaré a comer gratis diariamente, sirviéndoles los platos más exquisitos y escogidos.
La proposición agradó a todos y fue aceptada. Acordaron reunirse cada día en aquel restaurante y probar todos los modos distintos posibles de colocación alrededor de la mesa, con objeto de disfrutar cuanto antes de las comidas gratuitas. ¿Cuánto tiempo hubo de pasar?


miércoles, 19 de octubre de 2011

El billete perdído



El Sr. Fernández se dio cuenta, al llegar a su oficina, que se había dejado, entre las páginas del libro que estaba leyendo, un billete de 5.000 ptas. Preocupado, no fuese a extraviarse, llamó a su casa y dijo a la doncella que le diese el libro que contenía el billete, a su chófer, que iría a recogerlo. Cuando el chófer se lo trajo el billete había desaparecido.

Al tomar declaración al chófer y a la doncella, esta última dijo que comprobó personalmente que el billete estaba dentro del libro cuando se lo dio al chófer, precisamente entre las páginas 99 y 100. A su vez el chófer declaró que al darle el libro la doncella él miró el reloj y vio que eran las 9:30 horas, dirigiéndose a la oficina del sr. Fernández, situada a 500 m., adonde llegó a las 9:45 horas. ¿Quién miente de los dos?